¿Qué es la Renta Básica?

En esta entrevista publicada en el periódico La Vanguardia, Daniel Raventós, de la Red Renta Básica habla de su libro “¿Que es la renta básica?” y clarifica el concepto.

 

Miércoles, 3 de octubre 2012
La Vanguardia.com

“Todas las reformas que se están haciendo son para que los ricos vivan mejor”
Una paga incondicional para todos es lo que defiende en un libro el profesor de la UB Daniel Raventós
Libros | 03/10/2012

RAQUEL QUELART

“De todos los derechos, el primero es el de existir. Por tanto, la primera ley social es aquella que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios para existir”, dijo el político francés Maximilien Robespierre en 1792. De las raíces de este pensamiento nace la propuesta de renta básica que defiende Daniel Raventós, Doctor en Ciencias Económicas y profesor titular en la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. La renta básica es un ingreso pagado por el Estado a cada miembro de pleno derecho de la sociedad o residente acreditado, incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre. Desde hace años la idea ha empezado a calar en diversos movimientos sociales hasta el punto que se ha convertido en una de las principales reivindicaciones del 15-M. De hecho, esta propuesta u otras similares se ha discutido en diversas ocasiones en el parlamento español y en el catalán. Raventós, que forma parte del Consejo Científico de ATTAC, explica este concepto en ¿Qué es la Renta Básica? y Las condiciones materiales de la Libertad (El Viejo Topo).
– ¿Qué necesidades debería cubrir la renta básica?
– El criterio es el umbral de la pobreza, que lo define la Unión Europea. Pobre es aquella persona que recibe entre el 50% y el 60% de la renta por cápita de la zona. Esto significa que una persona que vive sola y perciba en Catalunya menos de 650 euros al mes es pobre. La renta básica tiene que ser al menos igual al lindar de la pobreza.
– En este contexto económico puede parecer un poco utópico defender la renta básica…
– Cualquier medida que favorezca a la población más débil se considera ir contra corriente, porque parece que se asuma que lo único que tiene sentido económico es quitar derechos de la población más perjudicada, la inmensa mayoría, y que los más ricos se queden igual o, incluso, ganen dinero.
– Pero la renta básica sería contraria a la actual política económica…
- Toda política económica está muy bien descrita por las dos palabras que la conforman – política y económica-. “Política” hace referencia a qué grupos beneficiamos y a cuáles perjudicamos, y en función de esto se hace la economía adecuada a los objetivos que políticamente se han dibujado. No existe ninguna medida de política económica que beneficie o perjudique a toda la población por igual.
– ¿En qué grado en una situación como la actual sería viable la medida que usted propone?
- En una situación de crisis quien sale perjudicado de manera mayoritaria es la parte más débil de la población, gente a la que ni siquiera hace un año se le había pasado por la cabeza que podría ser pobre. Esta es una de las razones por la cual una parte importante de la población saldría beneficiada con la renta básica. Además, garantizas que haya demanda y, por tanto, habría más actividad económica y se recaudarían más impuestos.
– ¿Por qué considera que es importante incluir el concepto de universalidad en la renta básica?
– Todo lo que sea condicional cuesta mucho porque hay que controlarlo. Por ejemplo, la gente que está parada tiene que demostrar que tiene derecho a percibir una prestación por desempleo, por lo que debe haber trabajadores públicos que lo comprueben. Las condicionalidades tienen unos costes de administración; la universalidad, no. Cuando el primer gobierno del PSOE estuvo discutiendo la universalidad de la seguridad social, se planteó la posibilidad de excluir al 15% de la población más rica. Al final, concluyeron que excluir tiene más costes.

- ¿Cómo podría costearse esta medida?
- Profesores de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de la Universidad de Barcelona (UB) elaboramos un estudio entre los años 2003 y 2004 en que se concluía que mediante una reforma del IRPF se podía financiar una renta básica equivalente a 5.400 euros anuales para cada adulto y 2.700 euros para los menores de 18 años. Obviamente, los ciudadanos ganarían o perderían en función del nivel de renta. Los que perderían bastante sería el 2% de la población catalana, aunque continuaría siendo rica. En el estudio nos basamos en los datos oficiales del IRPF, pero no eran reales puesto que los profesores universitarios que hacíamos el estudio aparecíamos como el 10% de la población más rica de Catalunya, lo cual demuestra el terrible fraude fiscal que existe.
– ¿Considera que las últimas medidas introducidas por el Gobierno español en este sentido luchan contra el fraude fiscal?
– Ni mucho menos. Todas las reformas que se están haciendo son para que los ricos vivan mejor. Según algunos estudios, con la crisis los únicos que están ganando de manera desproporcionada son los más acaudalados, especialmente, el 0,1% más rico.
– Vaya.
– Que hay crisis es evidente, pero todas las medidas de política económica que se están tomando son para pagar a los bancos franceses y alemanes en detrimento de toda la población. La siguiente decisión será recortar las jubilaciones y que los funcionarios sigan perdiendo poder adquisitivo, pese a que hay trabajadores públicos que cobran solo unos 800 euros al mes.

- ¿Por qué la renta básica es diferente de cualquier otra ayuda social?
– La diferencia es que prestaciones como la Renta Mínima de Inserción (RMI) o el seguro por desempleo son condicionadas y la renta básica, no. Solo por vivir en un sitio tú tendrías el derecho de percibirla.
– Usted habla de que esto tendría un efecto psicológico positivo para la población pobre.
– Es lo que muchos trabajadores sociales han puesto en evidencia y que recibe el nombre de estigma. Cuando el paro es minoritario o la pobreza no está tan extendida como ahora, para muchas personas los subsidios de pobreza son su certificado de fracaso social. Algunos estudios hechos hace años en Estados Unidos demuestran que gente que sabía que tenía derecho a recibir determinados subsidios no los pedía porque hacerlo era reconocer que era una fracasada social.
– ¿La introducción de la renta básica significaría la eliminación de otras prestaciones?
– Nuestra propuesta de financiación dice que todos los subsidios monetarios inferiores a la renta básica quedarían suprimidos. Y en el caso de las personas que recibieran prestaciones de cantidad superior, no perderían ni ganarían nada. La renta básica no es acumulativa.
– ¿También incluiría la eliminación de las pensiones?
– Una pensión inferior a la renta básica quedaría suprimida y la superior se mantendría. Actualmente ocurre que con una pensión viven tres o cuatro personas de la misma familia. Con una renta básica no solo el pensionista cobraría, sino también su mujer y sus hijos.
– Pero si garantizáramos a todo el mundo un sueldo, quizá mucha gente dejaría de trabajar.
– Esto es absurdo. La gente sería más libre que ahora para dedicarse a lo que le gustara, mientras que ahora se ve obligada a trabajar en cualquier cosa al precio que sea. Hay un pequeño estudio que se hizo hace diez años en Bruselas sobre unas setenta personas a las que les había tocado una asignación mensual de 1000 euros hasta la muerte. A los dos años de cobrarla la mayoría no había dejado su empleo y la minoría que había abandonado su trabajo, lo hizo para tener más tiempo y buscar otra cosa más adecuada a su competencia técnica y a sus gustos.
– Sorprendente.
– Esto enlaza con una de las propiedades de la renta básica: la medida aumentaría la libertad real de buena parte de la ciudadanía, porque permitiría una existencia material más o menos asegurada. Eso de que la gente se conforme con 500 euros al mes independientemente de su formación y ambición personal es tener una concepción muy pobre de la psicología media de nuestra especie. Ya estoy dispuesto a que una pequeña parte de la gente dejara de trabajar a cambio de que la inmensa mayoría de los ciudadanos pudiera vivir de forma más digna de lo que se vive ahora.
– ¿Pero qué ocurriría con los puestos de trabajo mal remunerados?
– Deberían pagar más o bien introducir un incentivo a la invención técnica. Por ejemplo, hay trabajos que cuando era muy joven no pensaba que se podrían mecanizar demasiado y que, luego, ha resultado ser todo lo contrario, como ha ocurrido con la limpieza de las calles. Esto quiere decir que hay muchas labores que se podrían automatizar y estaría muy bien que se hiciera. Una de las cosas interesantes de la productividad es que podemos hacer lo mismo en menos horas, lo que es malo es que solo beneficie a una pequeña parte de la población. Las horas de trabajo en una situación de crisis como la actual están aumentando, la jubilación se está alargando. Es completamente absurdo.
– Por tanto, ¿seríamos igual de productivos con una renta básica?
– O más. Sobre todo si se acepta la idea – que los empresarios acostumbran a no aceptar- de que una persona que trabaja en algo que le gusta es más productiva, y no lo es cuando está descontenta y ve que sus esfuerzos no le sirven de nada, cuando el trabajo es poco estimulante. Son cosas que desde hace muchos años están estudiadas. La renta básica te da la posibilidad de sentirte más realizado.

 

FUENTE: http://www.elviejotopo.com/web/noticias_detalle.php?idNoticia=101

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Derecho a existir

“¿Cuál es el primer fin de la sociedad? Mantener los derechos imprescriptibles del hombre. ¿Cuál es el primero de esos derechos? El de existir. La primera ley social es, pues, la que asegura a todos los miembros de la sociedad los medios de existir; todas las demás se subordinan a ésta; la propiedad no ha sido instituida, ni ha sido garantizada, sino para cimentar aquella ley; es por lo pronto para vivir que se tienen propiedades. Y no es verdad que la propiedad pueda jamás estar en oposición con la subsistencia de los hombres.”

Estas palabras fueron pronunciadas por Robespierre hace más de dos siglos, y, sin embargo, no solo no han perdido actualidad, sino que la situación de crisis en la que estamos inmersos las dota de mayor significado. Cualquier consideración sobre la libertad de las personas que pretenda analizar esta al margen de la posibilidad material de estas de tener una existencia material garantizada, puede servir para teorizar largamente, pero serán palabras vacías de significado. La implementación de una Renta Básica que proporcione un medio de subsistir a todas las personas, sin condiciones, es mucho más que una medida contra la pobreza o la exclusión. Pretende hacer efectiva la libertad de los ciudadanos. Es esta característica, profundamente subversiva, lo que lleva a la derecha y al PSOE a oponerse a ella con todas sus fuerzas en las dos ocasiones en que ha sido debatida en el parlamento español y el catalán.

No obstante Después de un primer intento fallido, la Iniciativa Ciudadana Europea de la Renta Básica incondicional finalmente fue aceptada por la Comisión Europea el pasado 14 de enero, lo que abrió la posibilidad de que los organizadores procedentes de 14 países europeos inicien la recogida de firmas en apoyo de la misma. Es un proyecto aún en pañales. El texto aprobado no exige ningún acto jurídico por parte de la comisión, sino tan solo el estudio de la viabilidad de la propuesta. Es necesario recoger  conseguir un millón de firmas de apoyo con unos umbrales mínimos en al menos 7 Estados miembros. A día de hoy 15 Estados miembros están participando ya en esta iniciativa.

Una vez logrado el sufragio universal, y dadas las actuales condiciones, parece claro que el siguiente paso es el logro de la democracia económica (derecho a un ingreso básico por el hecho de ser ciudadano) que, en consonancia con la Carta de los Derechos Humanos Emergentes (artículo 1) garantice a todas las personas de nuestro país unas percepciones económicas mínimas que les permitan vivir dignamente. Este ingreso es lo que genéricamente se conoce como Renta Básica de Ciudadanía (RBC). Se trata de una medida que ya está siendo aplicada, en forma total o parcial, en países como Canadá, Alaska, Brasil…

Parece una locura… ¡todo el mundo cobraría! Una locura diabólica como en su momento debió parecer la petición del sufragio universal. Vivimos en una sociedad donde solo se considera trabajo aquel que es remunerado, lo que deja en situación “alaboral” o “no productiva” al 60% de la población aproximadamente, olvidando el papel que tienen en la cohesión social y el desarrollo ocupaciones como las de cuidados de niños, ancianos y enfermos, o las tareas de voluntariado. O simplemente la labor de quienes desean formarse para mejorar su aportación al mundo que les rodea, o desean dedicarse a tareas creativas cuya remuneración es necesariamente irregular. Una sociedad en la que la posibilidad de acceder a un empleo de calidad o al menos en unas condiciones decentes cada vez es más remota, en la que la pobreza, la marginación y la exclusión social se extienden a una velocidad alarmante. No debemos olvidar tampoco, que en estos tiempos, el trabajo ha sido transmutado en mercancía sujeta a las leyes del mercado, el individuo pierde su más preciosa capacidad: la de obtener el sustento mediante su iniciativa y trabajo propios. La oportunidad de trabajar ya no depende tanto de la voluntad del individuo como de los complejos e injustos mecanismos del mercado en relación con ese artificio social que es el empleo remunerado. Quienes desprecian a la parte de nuestra sociedad habitualmente improductiva, olvidan la improductividad de aquellos que viven de rentas, de dividendos, de especular con nuestro dinero público y privado.

Actualmente disponemos de subsidios condicionados a determinadas circunstancias relacionadas con la situación laboral, excluye de la posibilidad de percibirlas a sectores muy amplios de la población que realiza trabajos no considerados como tales, por no ser remunerados. O condicionados al cumplimiento de determinadas situaciones socioeconómicas, habitualmente ya dentro de los márgenes de la exclusión. Se conceden ex-post, es decir cuando la situación de pobreza ya se ha producido con todo el daño que eso conlleva. Además, la percepción de las mismas, conlleva todo proceso administrativo con el gasto subsiguiente para su gestión. Además no son acumulables: es necesario haber perdido el empleo o dejar de tener otro tipo de ingresos para percibirlas. Por tanto, en algunos casos pueden actuar incluso desincentivando la búsqueda de empleo cuando el empleo que se puede obtener no proporciona ingresos superiores a la renta condicionada.

¿Quién tendría derecho a percibirla? Toda la población. Todas las personas por el hecho de existir. Que todo el mundo reciba la RB no quiere decir que todo el mundo gane. Los ricos pierden en las propuestas de financiación  políticamente interesantes. En el proyecto de financiación que realizó la Red Renta Básica para Cataluña en el año 2005, el 70% de la población con menos renta se beneficiaba con la RB, un 15% quedaba aproximadamente igual, y el 15% más rico perdía. Con nuevos datos y en plena crisis, se está realizando un estudio de actualización que permitirá ver qué cantidad de Renta Básica es en la actualidad técnicamente posible (en el año 2005, era de 5.414 euros anuales para toda la población censada en Cataluña y de 2.707 para los menores de 18 años).

El hecho de que esté exento de condiciones reduce al mínimo los costes administrativos necesarios para su implementación. Por ser recibida antes de que se llegue a producir cualquier situación de desamparo social, previene la exclusión y no solo la palía. Y con ello, evita los daños psicológicos irreversibles que las situaciones de pobreza y marginación conllevan. Vencería también la estigmatización de quien es perceptor de una renta condicionada. Liberaría a mucha gente de la presión de tener que aceptar cualquier empleo en cualesquiera condiciones, lo que obligaría a los empresarios a mejorar estas.

Al respecto del sostenimiento económico de dicha medida, hay quien dice que sería un contrasentido sostener algo así con dinero procedente de los trabajadores (el IRPF). No es esta la única posibilidad de financiación. A este respecto debe considerarse rápidamente la inmediata aplicación de fórmulas de financiación alternativas, como la que se refiere a tasas sobre transacciones de divisas, propuesta recientemente de nuevo a las Naciones Unidas y contenida en la Declaración sobre fuentes innovadoras para el financiamiento de la “Iniciativa contra el hambre y la pobreza”, suscrita el 24 de septiembre de 2008 en Nueva York por los Presidentes Michelle Bachelet, Lula, Rodríguez Zapatero y el Ministro de Asuntos Exteriores francés, B. Kouchner. Hay más de una forma de resolver este asunto redistributivo, haciendo hincapié en que quienes más tienen, deben contribuir en mayor medida incluso aunque la renta también sea percibida por ellos.

Está claro quién puede tener miedo a una medida de este tipo.

Además de la función instrumental que puede tener como medida de prevención de las consecuencias nefastas de la exclusión social y la pobreza, puede tener un papel de catalizador social en demanda de justicia y dignidad, por su condición de universalidad, aconfesionalidad, incondicionalidad y defensa de la libertad real y efectiva de los individuos. Por tanto, la sola defensa de esta exigencia, tiene valor en sí misma, independientemente de cuales sean los resultados.

AUTOR: Sole González

FIRMA DE LA INICIATIVA CIUDADANA EUROPEA: los ciudadanos europeos ya pueden sumarse a la iniciativa firmando en http://basicincome2013.eu/ubi/ o http://basicincome2013.eu/ubi/es/ (en español) o más directamente en https://ec.europa.eu/citizens-initi… (pinchando en “apoyar” y rellenando el formulario)

BIBLIOGRAFÍA Y LECTURAS RECOMENDADAS:

http://www.attacmadrid.org/d/9/080408101738.php

http://www.attacmadrid.org/d/8/071008104131.php

http://www.basicincome.org/

http://www.redrentabasica.org/